viernes, 4 de mayo de 2012

La Trinchera del Ferrocarril


La construcción de una trinchera para el paso de un ferrocarril minero perforó el complejo cárstico de la Sierra de Atapuerca y sacó a la luz los sedimentos de relleno de las cuevas.

A lo largo de la trinchera del ferrocarril se encuentran situados los yacimientos de la Sima del Elefante, Galerís y la Gran Dolina que nos proporcionan los fósiles de homínidos más antiguos hallados hasta ahora en la península ibérica.

Cueva Mayor: campamento y necrópolis de sedentarios


Situada a medio kilómetro de la Trinchera y conocida desde el siglo XV, alberga en su entrada (Portalón) pinturas de la Edad del Bronce y fue utilizada como campamento base, refugio, corral y necrópolis desde el Neolítico.

En 1910 se da a conocer el yacimiento de la Edad del Bronce en el Portalón y en 1972 se descubre la Galería del Sílex, una rama lateral de Cueva Mayor, con restos de diferentes épocas, desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce.
En el interior de Cueva Mayor se han encontrado numerosos restos de animales, cerámica y herramientas de piedra pulida y de hueso, así como algún objeto del comienzo de la metalurgia. Estos hallazgos corroboran la intensa utilización de la cueva durante estas primeras etapas agrícolas y ganaderas.

Cueva del Mirador: los nuevos pobladores


Alejada de la Trinchera y dominando el punto más estrecho del valle, entre la Sierra y los Páramos del Sur, esta cavidad fue utilizada como corral y necrópolis durante el Neolítico.

Hacha de bonce hallada en la Cueva del Mirador.
Actualmente se han acabado de excavar los niveles del Neolítico, por lo que sabemos que la cueva fue utilizada como corral y necrópolis durante este periodo y la posterior Edad del Bronce.
Se trata de un yacimiento de extraordinario valor para conocer la vida de los ganaderos y agricultores que llegaron a Atapuerca hace 7.000 años en busca de nuevas tierras para vivir. En las próximas campañas se excavarán niveles más antiguos, correspondientes al Paleolítico Superior.

La elaboración de herramientas líticas en la evolución humana

Nuestro linaje se caracteriza por tener un cerebro de gran tamaño y por la producción extrasomática de objetos para obtener energía del entorno. Todas las especies del género "Homo" sin excepción han sido productoras de instrumentos líticos, por lo tanto, un cerebro con un córtex cada vez más desarrollado y unas extremidades superiores adaptadas a funciones biomecánicas nuevas son las responsables de los cambios que han tenido lugar en la organización social de los primates humanos en el transcurso de la evolución.

La producción y el uso sistemático de instrumentos configuran sin duda las formas de socialización de los homínidos. La manera como se obtiene el alimento posibilita nuevas formas de consumo y reparto del mismo y, por lo tanto, aparecen nuevas formas de cohesión social, o sea, la producción y uso sistemático de herramientas resocializan al primate y lo conducen por el sendero de la humanización.

Nosotros hemos planteado que la causa determinante del cambio de la etología de los homínidos se ha de buscar en la evolución de la complejidad de los sistemas técnicos de producción de instrumentos. A través de la fabricación de los instrumentos y su socialización emerge el comportamiento cultural. Las grandes adquisiciones del género “Homo” no hubieran sido posibles sin la inteligencia operativa; en nuestra opinión, sin la retroalimentación que se produce entre cerebro y manos al confeccionar herramientas sería imposible imaginar como los homínidos humanos pudieron desarrollar otras adquisiciones como el lenguaje o el comportamiento simbólico complejo.




Marco físico y geológico

En el norte de España, en la Meseta septentrional, se encuentra la Sierra de Atapuerca, un pequeño cerro de 1.085 m de altitud máxima, que se localiza a unos 15 km al Este de la ciudad de Burgos. La Sierra está rodeada por los ríos Pico, Vena y Arlanzón. Esta sierra forma parte de las últimas montañas del Sistema Ibérico, separada del borde meridional de la Cordillera Cantábrica por un corredor tectónico (conocido como el 'Estrecho de Burgos') que enlaza las depresiones terciarias de la Cuenca del Duero y la del Ebro, dos de los mayores ríos de España, constituyéndose en un paso natural de penetración hacia el interior de la Península Ibérica. Asímismo se sitúa en una encrucijada biogeográfica donde confluyen influencias climáticas mediterráneas, atlánticas y continentales, propiciando la coexistencia de una gran variedad de especies de flora y fauna y la presencia de un ecosistema (con gran diversidad de biotopos), que fue aprovechado por diferentes grupos humanos a lo largo del tiempo.

La Sierra de Atapuerca corresponde tectónicamente a un anticlinal tumbado con vergencia NE y de dirección ibérica NNW-SSE que se desarrolla en rocas calizas del Cretácico superior (entre 80 y 100 millones de años) de origen marino. En los bordes de la Sierra, apoyándose sobre las capas inclinadas de este anticlinal, aparecen materiales de edad terciaria (entre 25 y 5 millones de años) de origen continental, formados por conglomerados calizos y arcillas rojas del Oligoceno, sobre los que se superpone, más o menos horizontalmente, una secuencia litológica de margas, arcillas, yesos y paquetes calizos y margosos, propios del ambiente lacustre de la Cuenca del Duero. 

A finales del Plioceno e inicios del Pleistoceno el río Arlanzón comienza a excavar su valle fluvial, que presenta un perfil escalonado con 15 niveles de terrazas, fuertemente asimétrico a su paso por la Sierra de Atapuerca, cuya cumbre resaltaría apenas cincuenta metros sobre su terraza superior. 

ecosistemas actuales

La situación geográfica de la Sierra de Atapuerca y su altitud determinan la existencia de un clima continental atenuado por la cuantía de las precipitaciones y por la influencia mediterránea. La combinación del factor climático con el de la naturaleza del sustrato (con un horizonte calcáreo y suelos poco profundos en la Sierra) dan lugar a una cubierta óptima natural que se define como bosque subesclerófilo. Está cubierta no supera por lo general los cuatro metros de altura. Se compone mayoritariamente de encinas ('Quercus ilex') salpicadas por grupos de quejigos ('Quercus faginea'), que proliferan en aquellas zonas en las que aparecen suelos más profundos. El encinar se extiende por las laderas de la vertiente suroeste, dejando ver algunas zonas aclaradas, debidas en la mayoría de los casos a la presencia de la roca caliza en las capas más superficiales del terreno.La Sierra de Atapuerca está rodeada por campos de cereales que permanecen roturados durante el invierno y en los que se plantan mayormente trigo y cebada. 

historia de Atapuerca

Como ocurre con frecuencia con los yacimientos prehistóricos, el descubrimiento de Atapuerca se debió al azar. En este caso, los yacimientos de la Trinchera no se hubieran encontrado de no ser por una gran obra de construcción decimonónica. Hacia finales del siglo XIX España estaba incorporándose a la revolución industrial. Las primeras siderurgias vascas crearon un polo de atracción económico regional, que a su vez activó las zonas más próximas, como Burgos. La alta tecnología del momento demandaba carbón y mineral de hierro en enormes cantidades. Los yacimientos de León y Asturias estaban en plena explotación, pero hacía falta más. La Sierra de la Demanda, a unos 50 kilómetros al este de Burgos, tiene vetas de hulla y de mineral de hierro que podían convertirse en minas, siempre que fuera posible llevar el material a Vizcaya, donde estaban los altos hornos. En aquella época sólo había una solución: hacía falta un ferrocarril. Un emprendedor británico, Richard Preece Williams, se preocupó de ambos proyectos, dado que estaban relacionados. Así, invirtió en minas en varios pueblos de la Sierra de la Demanda, como Pineda, Riocavado, Barbadillo de Herreros, Monterrubio de la Demanda o Valle de Valdelaguna, y se dispuso a construir un ferrocarril minero.Para ello creó una compañía, The Sierra Company Limited, encargada de construir una línea férrea de vía estrecha desde Monterrubio de la Demanda a Villafría, a las puertas de Burgos. La idea era transportar el carbón y el mineral de hierro desde la Sierra de la Demanda hasta el enlace con la línea Burgos-Bilbao, desde donde podía ser transportado a las siderurgias vascas. El permiso para iniciar las obras fue concedido en 1896, año en que comenzó la construcción, que fue difícil y cara. La compañía contrató 1.500 operarios para llevar a cabo los 65 kilómetros de la obra total, que estuvo acabada en 1901. Una subvención de la Diputación aseguró que su carácter no sería exclusivamente minero; como condición para recibir el dinero, The Sierra Company tuvo que comprometerse a transportar pasajeros y mercancías.